El verdadero éxtasis juvenil

Tengo un fresco recuerdo en mi memoria, Naomi Klein –Investigadora y periodista– en entrevista, le dijo a Amy Goodman –www.democracynow.org– que el poder de la juventud siempre es subestimado por los gobiernos. Refiriéndose precisamente al occupy en Wall Street.

En verdad que lo anterior no es particularidad gringa, por alguna ‘extrañísima’ razón la voz juvenil es siempre acallada o etiquetada de irresponsable, estúpida, absurda o ‘demasiado loca’.

Sin duda, ser joven es ser volátil, en ocasiones irreverente. Es despertar de un profundo letargo y estallar en la conciencia. En un sentido menos romántico, ser joven es ver claramente el desmadre que los más experimentados hacen y cómo ésto no rinde frutos. ¿Eso esta mal?…

Un gobierno responsable debe respetar el fulgor de su juventud, porque ellos son la guía de una historia que esta por escribirse. También son parte del juego, no son solo los de ‘en medio’.

Creo que el polémico caso de la Ibero marcó una pauta importante: ¿Qué tal si dejamos de lado la apatía y alzamos la voz? Es muy loable que un grupo de estudiantes dijera: ‘No somos porros’ y diera la cara, con todo y número de tarjeta.

Tanto los ‘ectivistas’ tienen derecho a apoyar a Peña Nieto, como los 131 alumnos de la Ibero tienen la oportunidad de expresarse. Finalmente, cada uno marca su postura y mientras no incurra en la violencia, no debería ser juzgada.

Me gustaría cerrar hablando un poco sobre Tupac, hace algunos años encontré una entrevista donde el poeta y rapero hablaba sobre política, así como sus experiencias enfrentando la adolescencia, –Nótese que ahí tenia 17 añitos- y me pareció sorprendente el nivel de conciencia pese a su corta edad. Aquí el link!

En algún punto del diálogo, Tupac comentó que no entendía por qué había tantas personas en la calle siendo ‘homeless’, cuando la Casa Blanca cuenta con varias habitaciones disponibles y desoladas…

Recomendaciones

Juventud en éxtasis: Se arrepentirán más cuando cumplan 50 y descubran que nunca lucharon o defendieron algo. Crean en ustedes y sus ideas, las negativas al respecto, generalmente, son una buena señal.

Políticos: No teman de los jóvenes, recuerden cuando ustedes tenían esa edad… 

El derecho a enseñar boobies




El desastre alrededor de Julia Orayen, me recuerda una cosa: La mujer no puede decidir si usar o no un escote pronunciado (Sin irnos tan lejos).

Cuando vi a la chica en el debate me pareció inadecuada para el lugar, sin duda. Aún así, lo que más me ‘mortificó’ fue la forma en la que todos retomaron el tema del escote, olvidándose, de la situación más importante: los candidatos y sus ‘propuestas’.

En el transcurso de la temperatura sabíamos que Julia había posado para la revista Play Boy México, y un montón de fotografías sensuales de ella circularon por las redes sociales con locura y pasión. Pero incluso, todo lo anterior no me preocupó demasiado porque lo vi como una excelente estrategia de posicionamiento para la chica.

Por su parte, la columna Bajo Reserva del Universal, aclaró que ella misma –Julia Orayen– había decidido utilizar ese vestido, así que inferí que los de producción entre las prisas y dramas –Muy comunes de un evento en vivo– se olvidaron de ese pequeñito y redondo detalle. Pero lo anterior, tampoco me preocupó o quitó el sueño. 

Días después leo en Animal Político y con información de Milenio: ‘Feministas y activistas presentaron el 10 de mayo de 2011 ante el Conapred una queja contra el IFE al considerar que la vestimenta que usó la edecán durante el debate es ofensiva y fortalece el sexismo’.

Este grupo de mujeres feministas se mostró aludido, porque precisamente –el escote– reproduce y fortalece los estereotipos de género propios al sexismo, la misoginia… y aunque en la nota no dice quiénes, exactamente, interpusieron esta queja, sí me preocupó y hasta me quitó el sueño.

El mayor triunfo que tendrá México y su cultura social será cuando tengamos la capacidad de ignorar un escote pronunciado, porque estaremos más preocupados por mejorar nuestro país, sin importar cualquier índole de estereotipo. No habrá necesidad de un grupo ‘feminista’, o de quejas absurdas, por que de hecho, las instituciones sabrán que contamos con: el poder de decidir y respetar.

Por lo pronto, gracias a mujeres, las mujeres, somos víctimas –Otra vez en el día– por un acontecimiento que no merecía tanta atención, porque es tan natural como unos senos pronunciados. Eso no debería ser un pecado, menos en un debate presidencial que supone abogar por la democracia y diversidad de ideas. 

Recomendaciones

Feministas: Con todo respeto, se pasaron.

Mujeres: Decidan ustedes mismas el tipo de escote que usen, la sensualidad es parte del ser humano, no la vean con malos ojos.

Hombres: Les mando un abrazo.

Ceguera vial

Ella buscaba el refugio de un alma que procediera de la bondad. Él era noble, sincero, real. Ella nunca entendió que El realmente la apreciaba a sobremanera. 

Una tarde del 2006 se encontraron en el metro Hidalgo. Solían verse en la estación cada martes, y como la señal móvil al interior era nula, lo único que dirigía su encuentro era la percepción de distinguirse en el misterio de un pasillo opaco, decante. 

Ella caminó con desespero, miles de personas ajustaban su paso y el tumulto no le permitía vislumbrar la cabellera rizada, sonrisa entrañable, mirada castaña de ese hombre. Por el contrario, El sabía dónde y cuándo encontrarla. Sorpresivamente, ubicó el delicado cuerpo de Ella, la tomó de los hombros e intentó, por la espalda, asustarla.

Ella lo golpeó con fuerza –Bromeaban de éste y otros modos–; una nube de terciopelo cubrió cada rincón de la estación, hubo magia esa tarde. Era el rodaje escénico perfecto. Ninguno habló al respecto porque las miradas dijeron lo justo. 

Ellos estaban ahí pensando: –Somos unos ridículos. Nos vale madre.– Ella guardaba la ilusión de que su amistad, en algún futuro lejano, culminaría en dos labios, dos respiros, un suspiro fulminante. El sabía que el destino opacaría el paisaje, su oportunidad era ahí o nunca. 

El fue tan feliz viajando a su lado, acarició con sus gestos cada recoveco de Ella. La comprendía como un caso de estudio, merecedora de todas las tardes posibles.

Ella no creía, no soñaba en nada, las ideas traslucían un caos que golpeaba con los rieles del vagón, laceró sus ojos. Ella decidió bajarse, súbitamente, sin explicación.

El, atrapado en la vialidad vio la cabellera rojiza de Ella perderse entre el polvo y la multitud. Ella navegó entre estaciones, líneas y vagones, pensando, una y otra vez: ”¡Tengo tan mala suerte!”.

Con flores y tacones

Mujeres mexicanas protestan en sus bicicletas pedaleando con tacones. Desean no recibir tanta atención sólo por ser mujeres. 


Fotos: AP

Recomendación de libro: Transición.

En pocas palabras, este libro me ha venido a volar la mente. En primer lugar, tiene una galería fotográfica de cada uno de los entrevistados: desde López Obrador, con su camisa a rayas muy sencilla. Hasta la adorable Denisse Dresser con su clásico peinado de boina coqueta.  

Aristegui, presenta una serie de entrevistas a los personajes más representativos -al 2009- en la política mexicana. Aquellos que fueron factor de cambio, aquellos que tuvieron la oportunidad de contribuir a la democracia. Algunos lo lograron, otros, simplemente no pudieron contra el enorme sistema de intereses.

Las entrevistas, revelan desde la trinchera de cada personaje su versión de los hechos 
-que va desde políticos de todos los colores, hasta luchadores sociales, periodistas y académicos- incluso, Vicente Fox hizo acto de presencia a través de un boletín donde narra su versión, él como un luchador social. ¡Divino el señor!.

Lo que revela la investigación de Carmen, es que sí ha existido una evolución significativa, aunque aún queda un proceso electoral por emprender -cada mes más cerca-.

La respuesta que más valió la pena leer, fueron las de Enrique Krauze, añado un pedazo de lo que más me gustó:

‘El azar, la imaginación y la sorpresa son parte de la historia, sobre todo la imaginación. Ojalá la crisis ayudara no a abonar las profecías apocalípticas sino a que, de pronto, hubiera propuestas concretas y un proyecto de izquierda rumbo a 2012’. 

No digo más de un libro que sólo merece leerse y disfrutarse mucho.

El hombre que no dejó amarse

El 17 de septiembre del 2011 entrevisté a Magdalena, me habían contando de su terrible imaginación. Fue todo un encanto platicar con ella y ver la delgada línea entre la realidad y el alucine. 



¿Dónde lo conociste?

Era un día como cualquiera, estaba ocupada y sin ganas de verle el rostro a nadie. Como suelen suceder los encuentros con las personas grandiosas, donde menos lo esperas, a la hora menos indicada.

¿Te dijo algo, cuál fue su reacción?, ¿cómo supiste que existía un click?

No lo supe. Nunca lo he sabido. Sólo nos miramos con desdicha, ambos. Cada quien siguió su rumbo y después… algo pasó. 

¿Qué pasó? ¿contigo, dices?

Sí, conmigo. No sabía si era mero gusto visual, auditivo, sensorial. De repente me volví adicta a observarlo en la distancia…

Con todo respeto, ¿Te convertiste en una especie de ‘Stalker’? 

No precisamente. Me empecé a imaginar cosas.

¿Fantasías sexuales?

También. Pero más, más… de otro tipo. 

¿Qué clase de fantasías?

Pues me imaginaba con él, conversando por horas sobre la teoría del big bang o intercambiando ideas respecto a cualquier tema. Todas las tardes que regresaba a mi casa, hablaba con él. Por decir, no realmente, me imaginaba que él me escuchaba y que se sumergía en mis conversaciones… me imaginaba que se fascinaba conmigo.

¿Pero, conversaban? ¿intercambiaban opiniones?

No precisamente. De repente nos saludábamos y nuestras pláticas en el mundo real tenían una duración de menos de cinco minutos. Creo que no lo conocí mucho…

¿Consideras, realmente, que no lo conociste lo suficiente?

La gente es muy extraña, creo que a veces nos decíamos cosas por los ojos. 

¿Te hacía gestos? ¿te guiñaba el ojo cuando pasabas cerca de él?

No precisamente. Pero me veía mucho, y yo no podía ser tan obvia pero me imaginaba cómo se veía mientras él me miraba. 

Entonces, ¿podríamos decir que te enamoraste?

No creo. Sólo hubo un extraña conexión.

Pero… si hubo esa conexión que mencionas ¿por qué no pasó nada? 

Él es un tipo muy introvertido. Debe de ser como vouyerista… porque sólo le gustaba verme. Nunca me dijo nada fuera de lugar, pero sí me vio las boobies. Ya después dejé de verlo… me cambié de casa, de eso hace más de un año.

¿Y qué le dirías si pudieras reencontrarlo? ¿Lo has pensado últimamente?

Todavía lo pienso mucho. Me gustaban sus ojos… Creo que me aventaría y me lo comería a besos pero para no quedarme con las ganas. Nunca se quiso dejar querer. Se llamaba Juan Pedro Casuelas… y fíjate, ayer soñé que venía por mí. 

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